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24 agosto 2007

La asimilación del conocer

"Los conocimientos racionales que lo son objetivamente (esto es, los que no pueden originarse más que a partir de la razón humana propia) sólo pueden llevar tal nombre desde un punto de vista subjetivo, además del objetivo, cuando han sido extraidos de las fuentes universales de la razón -fuentes de las que puede surgir la misma crítica e incluso el rechazo de lo aprendido-, es decir, de principios."

Kant, Crítica de la razón pura
El hombre cuando se enfrenta a la adquisición de conocimientos tiene que pasar por la etapa del aprendizaje. Tal paso implica hacerse cargo de una serie de ideas que no han sido descubiertas por el propio esfuerzo sino que han sido enseñadas. El acto de aprender es memorístico, y no juzga ni se pregunta por lo conocido, simplemente lo asimila y lo sabe, pero es un saber carente de vida, es solo un saber histórico.
Cuando el hombre se enfrenta a sus conocimientos, a todo ese legajo de tradiciones que le ha sido donado de forma temporal, y lo lleva al terreno de la crítica se da el verdadero conocimiento, porque se rechaza o se acepta lo conocido. Y esto son las "fuentes universales de la razón", porque son las que ayudan a formar los propios principios, los "subjetivos", con los que cada uno se enfrenta a la realidad.
Siguiendo a Aristóteles, que en este punto no se aleja tanto de Kant, se da la asimilación de lo conocido, pero no solo como simple absorción teórica, sino además como aplicación práctica. Un cambio vital que no es más que una renovación o aniquilación de los "principios" que guían cada uno de nuestros pasos.

19 febrero 2007

Relaciones entre Aristóteles y Wittgenstein

"Y el punto de partida para reconocer todos los argumentos de esta clase no es exigir que el adversario reconozca que algo es o que no es (pues esto sin duda podría ser considerado como una petición de principio), sino que significa algo para él mismo y para otro; esto, en efecto necesariamente ha de reconocerlo si realmente quiere decir algo; pues si no, este tal no podría razonar ni consigo mismo ni con otro. Pero, si concede esto, será posible una demostración, pues ya habrá algo definido."

Aristóteles
Libro IV Metafísica


"El significado de una palabra es su uso en el lenguaje. En otras palabras, las palabras significan lo que significan porque las usamos como las usamos."

L. Wittgenstein
Investigaciones Filosóficas


En este famoso pasaje de la Metafísica aristotélica el Estagirita defiende la validez del principio de no-contradicción como un recurso necesario para poder dialogar y demostrar, de igual forma, la validez del propio principio. Si entre los hablantes el lenguaje no tiene significado entonces no hay comunicación, no hay nada. Por ello, el principio de contradicción permite hablar, porque en cuanto se emite una palabra ya se encuentra regida por el principio y solamente podrá significar una cosa.

Wittgenstein aparece aquí como la concreción de esta idea. Sostiene, como se ha leído, que las palabras significan lo que significan según el uso que hagamos de ellas, y dentro de una comunidad lingüística podrá haber comunicación y diálogo siempre y cuando el significado que cada hablante dé a las palabras sea el mismo que el que el oyente les adscriba. Si resulta que no somos capaces de saber de qué estamos hablando usando las palabras de una misma lengua nos hemos convertido en extranjeros los unos para los otros.

Es curioso porque parece que vivimos en un mundo de este tipo. Creemos comunicarnos pero realmente no lo hacemos porque el significado concreto de las palabras se ha perdido, y cada uno las utiliza de la forma que más le agrada. El amor por el buen uso de las lenguas ha desaparecido, y con ello estamos matando uno de los rasgos que conforman nuestra identidad cultural. El lenguaje se convierte así en un arma de doble filo usado en cualquier frente de una forma utilitarista y egoísta.

Solo el buen hacer de una población preocupada por el tesoro que conforma el significado de sus palabras y la belleza de sus expresiones puede lograr que el lenguaje sea utilizado con el cariño y dedicación que se merece, porque si perdemos el significado y el uso de nuestras palabras ¿Cómo nos comunicaremos?

12 febrero 2007

Superación humana


"¿Qué fin es pues justo? ¿Por cuál debe decidirse nuestra elección?
Cuando el fin está establecido, y se trata tan sólo de elegir los medios, diremos: ¡elige medios que, realmente, conduzcan al fin! Pero cuando se trata de elegir los fines, diremos: elige un fin que, razonablemente, pueda considerarse como asequible en realidad. Mas esta respuesta no es bastante. Hay cosas asequibles que más bien debemos evitar que no procurar
. Elige, pues, lo mejor de entre lo accesible, será la única respuesta conveniente".

Francisco Brentano
"El origen del conocimiento moral"


A primera vista puede parecer cierto que elegir lo mejor de entre lo accesible sea la respuesta más conveniente para la búsqueda de los fines, pero ciertamente es una postura que destruye las aspiraciones y la ambición en su sentido positivo.

Si nos "conformamos" con lo accesible estaremos cerrando la puerta a un buen número de fines que podríamos obtener en algún momento futuro.


Gracias al concepto de "potencia" desarrollado por Aristóteles podemos observar como existen dos tipos de potencia: "potencia próxima" y "potencia lejana". Para actualizar la primera solo hace falta un movimiento hacia la actualidad o hacia el ser, mientras que para obtener la potencia lejana hace falta la actualización de variadas potencias relacionadas que, con el paso del tiempo, nos llevarían a obtener eso que buscábamos como fin.


Pues bien, la postura de Francisco Brentano elimina esta posibilidad, puesto que la actualización de las potencias lejanas no debería ni siquiera buscarse, ya que el fin que con su desarrollo lograríamos, en un principio, no hubiese sido accesible. Trágicamente, esta postura nos lleva al conformismo existencial, que, aunque no sea el fin de su ética del valor, es algo a lo que no nos podemos sustraer desde esta consideración.


Esto solo aplicado a la ética, pero imaginemos que un comportamiento de este tipo se aplica a la ciencia. En este caso, la investigación científica quedaría paralizada, porque, ¿de qué serviría investigar teorías poco plausibles si puede que sean falsas? ¿Para qué gastar tiempo, esfuerzo y dinero en algo que es poco accesible?


Parece, pues, desde estas observaciones, que el espíritu de superación humana y la esperanza de conseguir algo mejor es mucho más anhelado que la simple obtención de aquello que, seguramente, obtendremos con poco o ningún esfuerzo y que es menor.

24 diciembre 2006

Significado y amistad

La amistad es uno de los temas filosóficos por antonomasia. Platón describió la amistad de una forma sumamente curiosa que no puede dejar de ser explicada en este texto. Para este autor, la amistad aparece como una consecuencia necesaria del conocimiento de lo “realmente real”, es decir, cuando una persona alcanza la sabiduría- para él la Idea de Bien- debe enseñarla a los demás, porque sino, no la ha conocido realmente. De hecho, la teoría platónica, al igual que la moral imperante en aquella época, exigía beneficiar a los amigos y atacar a los enemigos.[1]

Aristóteles, por su parte, desarrolló un concepto de amistad extenso y coherente con su entero cuerpo filosófico.[2] Para el estagirita la amistad “es una virtud o va acompañada de virtud y además es lo más necesario para la vida”[3]. Pues bien, dejando de lado los tres tipos de amistad que recoge Aristóteles[4], se puede decir que en la actualidad el verdadero sentido de la amistad se ha perdido. De hecho, una de las bases de la amistad se basa en la comunión de intereses, si es amistad perfecta, que es la que consideramos como paradigma de la verdadera amistad, y esto ya no se tiene en cuenta. Las relaciones de amistad, al igual que la entera realidad, han quedado degradadas a simples relaciones de interés o utilidad.

De hecho, esto es tan cierto, que el propio MacIntyre hablando de la dependencia que los seres humanos tenemos los unos de los otros[5], y no solo por alguna discapacidad física o psicológica, afirma, en última instancia, que la amistad, como virtud, es uno de los cauces necesarios para entender los sentimientos del otro[6]. Por esto, puede afirmar que “al hacerse efectivamente responsable uno aprende no sólo a hablar al otro, sino a hablar por el otro. En ese momento, dos individuos llegan a ser amigos en el sentido preciso de la palabra, (por el contrario)-continua- uno sigue siendo prisionero de sus prejuicios compartidos en la medida en que permanezca atrapado en relaciones y compromisos de reciprocidad”[7]. Así, este tipo de relaciones no pueden ser catalogadas como “amistosas” por su esencial utilitarismo.

Es más, a mi entender se hace necesario recuperar el imperativo categórico kantiano[8] y aplicarlo al orden de la amistad para que el ser humano sea tratado como fin en sí mismo y no como puro medio. En una sociedad en la que la persona es tratada de esta forma, es decir, con auténtica benevolencia[9], se puede afirmar con R. Spaemann que “la amistad es un regalo libre y una libre elección. […] Amigos verdaderos se pueden tener sólo en un número tan reducido que la entrega a ellos no se convierta en asunto de consideraciones en torna a la justicia[10]. Esta idea ya fue recogida antes por Aristóteles cuando afirmaba que “es natural, sin embargo, que tales amistades sean raras, porque los hombres así son pocos. Además, requieren tiempo y trato”[11].

De hecho, en una sociedad en la que prima el individualismo, la amistad queda reducida a un mero hecho, ya no necesario por la propia naturaleza del hombre que, tal como Aristóteles lo describió, es un “animal social por naturaleza”, sin un significado bien determinado y establecido, sino como una noción, que al perder su significación, ha quedado reducida a relaciones interesadas y utilitarias en las que el ser humano se ve reducido a lo qué tiene y no a lo qué es.

Nunca ha quedado mejor explicado este problema del “entre” que de la siguiente manera: “La forma como las personas tratan a las personas resulta del modo como las personas se dan unas a otras”[12]. Por lo tanto, el problema que se ha radicalizado en la sociedad contemporánea es la pérdida del verdadero significado que implica una “amistad perfecta”. “Pero la amistad perfecta es la de los hombres buenos e iguales en virtud; porque éstos quieren el bien el uno del otro en cuanto son buenos, y son buenos en sí mismos; y los que quieren el bien de sus amigos por causa de éstos, son los mejores amigos, puesto que es por su propia índole que tienen esos sentimientos y no por accidente; de modo que su amistad permanece mientras son buenos, y la virtud es una cosa permanente”[13].

Para finalizar, soy incapaz de sustraerme a la tentación de mostrar una de las formas más bellas, y en una de las lenguas más líricas y rítmicas, en las que la amistad ha quedado reflejada[14]:

Ondas do mar de Vigo,

¿Se vistes meu amigo?

¿E-ai Deus- se verrá cedo?

ondas do mar levado,

¿Se vistes meu amado?

¿E-ai Deus- se verrá cedo?

¿Se vistes meu amigo

o por que eu sospiro?

¿E-ai Deus- se verrá cedo?

¿Se vistes meu amado

que me ten en coidado?

¿E-ai Deus- se verrá cedo?[15]



[1] Platón en La República trata de criticar la noción griega de la amistad como beneficio del amigo y ataque al enemigo que defiende Céfalo utilizando las palabras de Simónides, pero al final acaba admitiendo que es así, pero no por las razones que expone su oponente, sino porque el tema principal al que se refería la discusión era el de la justicia.

[2] Aristóteles, Ética a Nicómaco Libro VIII Clásicos Políticos, Madrid 2002

[3] Ibid., 1155a

[4] Amistad por interés, amistad por utilidad y amistad perfecta. Ibid 1156a-1157a

[5] Alasdair MacIntyre, Animales racionales y dependientes, Paidos Básica, Barcelona 2001

[6] ¿Qué clase de amistad es necesaria? […] El ser humano aprende a examinarse a sí mismo cuando es examinado por los demás y aprende a entenderse a sí mismo cuando tratan de entenderlo los demás. Ibid 173-174

[7] Ibid 176 y 181

[8] Kant, Crítica de la razón práctica

[9] Para este autor el acto mayor de la benevolencia es el de la amistad aunque, evidentemente no reduce la benevolencia únicamente a la realidad conformada por la amistad.

[10] Robert Spaemann, Felicidad y Benevolencia p. 169 Ediciones Rialp Madrid 1991

[11] Op cit. 1156b – 1157a

[12] Robert Spaemann, Personas p.177 Ediciones Eunsa Pamplona 2000

[13] Op Cit. Ética a Nicómaco 1156b

[14] Martin Codax Ondas do mar de Vigo Pergamino de Vingel (Pierpont Morgan Library, New York, Vindel MS M979)

[15] Ondas del mar de Vigo, /¿habéis visto a mi amigo? / Ay, Dios! ¿vendrá pronto? / Ondas del mar alzado, / ¿habéis visto a mi amado? / ¡Ay, Dios! ¿vendrá pronto? / ¿Habéis visto a mi amigo, / aquel por quien yo suspiro? / ¡Ay, Dios! ¿vendrá pronto? / ¿Habéis visto a mi amado, / por quien siento gran cuidado? / ¡Ay, Dios! ¿vendrá pronto?

13 noviembre 2006

Sabiduría

Aristóteles comienza la Metafísica con la siguiente afirmación: "Todos los hombres desean por naturaleza saber". ¿Quién se atreve a contradecirle? O mejor ¿Quién tiene un argumento lo suficientemente válido como para defender que Aristóteles se equivocó?

Y pregunto... ¿Quién quiere ser un ignorante?, ¿o que lo traten como ignorante? Todos deseamos saber... y la filosofía es el "amor a la sabiduría". Así que... no nos queda más remedio que conocer, y no hay mejor forma de conocer que amando aquello que se conoce... Así pues, ¡¡Amemos!!

07 octubre 2006

La verdad de uno fue la verdad de todos

Ensayo para Filosofía del Lenguaje del curso pasado.

En las últimas décadas hemos visto cómo el análisis del lenguaje se ganaba el honor de ser considerado la cúspide del trabajo filosófico. Esto no es señal de que otros campos filosóficos hayan sido olvidados, pero sí es cierto que, después de más de dos milenios de pensamiento, parece que no hay mucho en lo que ahondar. Sin embargo, se hace necesario dejar de teorizar en tan altos niveles de abstracción y llevar la investigación filosófica a la práctica, porque, al fin y al cabo, ¿de qué sirve el pensar si no es para traducirlo en acción?

“Todos los hombres desean por naturaleza saber” (Omnes homines natura scire desiderant)(1) . Aristóteles comienza así el libro I de la Metafísica, pero si todos los hombres desean por naturaleza saber, lo desean para poner en práctica eso que han aprendido. ¿De qué sirve el conocimiento si no se traduce en conocimiento práctico? Evidentemente hay conocimientos que no pueden desligarse de un ámbito puramente teórico, pero vivir exige acción, la acción responsabilidad, y el primer requisito de la responsabilidad es el conocimiento.

“En efecto, los principios de la acción son los fines por los cuales se obra; pero el hombre corrompido por el placer o el dolor pierde la percepción clara del principio, […] el vicio destruye el principio”(2) . Se ve que el conocimiento se hace necesario para la correcta ejecución de las acciones, no solo debemos conocer por conocer, hay que traducirlo en actos. Así, no es sorprendente que nos encontremos con infinitas investigaciones sobre el significado de la verdad y su análisis. Pero, sorteando lo que denominaríamos investigación ética, debemos enfrentarnos a la propia sociedad.

Toda investigación filosófica acaba por olvidarse de la realidad como un entramado en el que conviven, existen y se relacionan las personas. Al final, toda investigación termina por volverse tan abstracta que se vuelve incapaz de modificar la praxis de la gente. ¿De qué sirve hablar de la verdad si no sabemos qué piensa la humanidad sobre lo qué es la verdad?

En la actualidad, la mayoría piensa que la verdad es la verdad de cada uno. La investigación filosófica busca desentrañar la verdad desde el lenguaje. J. L. Austin pone el siguiente ejemplo: “supongamos que todas las circunstancias de situación que han de estar en orden para tener éxito al enunciar algo, lo están; incluso cuando ya he tenido éxito surge la pregunta, ¿lo que yo he enunciado era verdadero o falso? Y esta es la pregunta, hablando en términos ordinarios, acerca de si el enunciado corresponde a los hechos”(3) . En última instancia, qué obtiene de esto una persona de la calle. Nada. Su vida no se rige en torno a los pensamientos que un filósofo pueda tener sobre la verdad o la falsedad en el lenguaje, porque para ellos por la boca muere el pez. Lo dicho, dicho está.

“Por ello, --viene a concluir Austin--, la solución del problema de la verdad no debe ser buscada en una simple distinción de ‘verdadero’ y ‘falso’, ni en la distinción entre los enunciados y el resto de los actos de habla”(4) . Y aunque Austin prosigue por otros derroteros y busca aclarar la noción de verdad en el lenguaje; pienso que la verdad debe ser aclarada desde cada persona y contando con cada persona para ello.

Es obvio que siempre que se busca solucionar un trascendental, como el de la verdad, tenemos que recurrir a una teoría universal que pueda explicarlo para todos de una manera satisfactoria. Pero, la verdad, aunque sea en el fondo algo objetivo, como dice santo Tomás: “así como lo verdadero se encuentra de un modo más principal en el entendimiento que en las cosas, así también se halla más principalmente en el entendimiento que juzga que en el acto por el que el entendimiento forma las quididades de las cosas”(5) , también es algo subjetivo.

En el entendimiento la verdad se encuentra de forma objetiva en cuanto que su captación proviene de lo sentido desde la realidad, sin embargo, en el momento en el que realizamos un juicio y transformamos el concepto de nuestra mente en una expresión ya lo estamos subjetivizando, lo estamos convirtiendo en algo nuestro. Pasamos del mundo objetivo al mundo de las sensaciones internas que conforman nuestro espíritu y dotan al pensamiento de una realidad que es propia de cada uno.

Entonces, ¿qué es la verdad? Objetivamente la verdad se encuentra en nosotros, pero nunca podremos escapar a nuestro mundo interior. Eso nos deja a merced de nuestra propia subjetividad y solo nos resta bucear en lo más profundo de nuestro ser para acercarnos a ella. De hecho, el Oráculo de Delfos ya se lo anunciaba a Sócrates: “Conócete a ti mismo”. Pero, ¿cómo se conoce uno a sí mismo? En palabras de Hugues de Saint-Victor: “Conocerse a sí mismo es saber su condición, su orden, lo que debía a lo que está por encima de él, en él y por debajo de él; comprender cuál había sido hecho, cómo debía conducirse, lo que debía hacer o no hacer: en todo eso consistía conocerse”(6) .

En el fondo, cada uno conoce la verdad conociéndose a si mismo. Para tal fin hay infinitos métodos: unos nunca llegarán a conocerse; otros se conocerán como puedan; algunos acabarán conociéndose mediante la introspección. Pero, en el fondo, los que lograrán conocerse bien serán aquellos que pongan la búsqueda del conocimiento fuera de ellos mismos: “El conocimiento de Dios sin el de nuestra miseria hace el orgullo; el conocimiento de nuestra miseria sin el de Dios hace la desesperación. El conocimiento de Jesucristo es el medio, porque en él encontramos a Dios y nuestra miseria”(7) .

Toda búsqueda de la verdad comienza y termina por la búsqueda de la propia intimidad.



Bibliografía utilizada

  1. Metafísica, Aristóteles. Libro I. Edición trilingüe de Valentín García Yebra. Gredos. 1998
  2. Ética a Nicómaco, Aristóteles. Libro VI. Edición bilingüe de María Araujo y Julián Marías. Clásicos Políticos. Madrid, 2002
  3. J. L. Austin. “We have here a new dimension of criticism of the accomplished statement” Words, p. 139. Citado por Jaime Nubiola en J. L. Austin: Análisis y verdad. Anuario Filosófico X/2 (1977)
  4. Jaime Nubiola. J. L. Austin: Análisis y verdad. Anuario Filosófico X/2 (1997)
  5. Santo Tomás de Aquino. De Veritate 1 Artículo III. Traducción de Jesús García López en: Doctrina de Santo Tomás sobre la verdad, Eunsa, Pamplona 1967, p. 172.
  6. Hugues de Saint-Victor, De sacramentis, I, 6, 15; Patr. Lat., t. 176, col. 272. Citado por Étienne Gilson. El espíritu de la Filosofía Medieval. Biblioteca del cincuentenario. Rialp 2004. p. 220.
  7. B. Pascal, Pensées, L. Brunschvig, edic. minor, p. 367. Citado por Étienne Gilson. El espíritu de la Filosofía Medieval. Biblioteca del cincuentenario. Rialp 2004.