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04 marzo 2007

La acción moral

¿Son todas las acciones que realiza el ser humano morales? ¿Existen acciones que sean amorales?

Si entendemos al ser humano como un ser que perfecciona su naturaleza, entendiendo esta en sentido clásico, entonces ¿En qué sentido se puede afirmar que toda acción es moral, que todo lo que hacemos repercute de alguna forma en nosotros?

Parece que no se puede realizar esta afirmación puesto que, por ejemplo, que yo abra el paraguas en un día de lluvia parece que no afecta en nada a mi naturaleza, que ni me perfecciona ni me degrada. Simplemente es una acción amoral. Pero, ¿no corremos el riesgo de agrandar el significado de la amoralidad con todo lo que ello traería consigo? ¿En qué sentido podría ser esta acción u otras del estilo moral?

12 febrero 2007

Superación humana


"¿Qué fin es pues justo? ¿Por cuál debe decidirse nuestra elección?
Cuando el fin está establecido, y se trata tan sólo de elegir los medios, diremos: ¡elige medios que, realmente, conduzcan al fin! Pero cuando se trata de elegir los fines, diremos: elige un fin que, razonablemente, pueda considerarse como asequible en realidad. Mas esta respuesta no es bastante. Hay cosas asequibles que más bien debemos evitar que no procurar
. Elige, pues, lo mejor de entre lo accesible, será la única respuesta conveniente".

Francisco Brentano
"El origen del conocimiento moral"


A primera vista puede parecer cierto que elegir lo mejor de entre lo accesible sea la respuesta más conveniente para la búsqueda de los fines, pero ciertamente es una postura que destruye las aspiraciones y la ambición en su sentido positivo.

Si nos "conformamos" con lo accesible estaremos cerrando la puerta a un buen número de fines que podríamos obtener en algún momento futuro.


Gracias al concepto de "potencia" desarrollado por Aristóteles podemos observar como existen dos tipos de potencia: "potencia próxima" y "potencia lejana". Para actualizar la primera solo hace falta un movimiento hacia la actualidad o hacia el ser, mientras que para obtener la potencia lejana hace falta la actualización de variadas potencias relacionadas que, con el paso del tiempo, nos llevarían a obtener eso que buscábamos como fin.


Pues bien, la postura de Francisco Brentano elimina esta posibilidad, puesto que la actualización de las potencias lejanas no debería ni siquiera buscarse, ya que el fin que con su desarrollo lograríamos, en un principio, no hubiese sido accesible. Trágicamente, esta postura nos lleva al conformismo existencial, que, aunque no sea el fin de su ética del valor, es algo a lo que no nos podemos sustraer desde esta consideración.


Esto solo aplicado a la ética, pero imaginemos que un comportamiento de este tipo se aplica a la ciencia. En este caso, la investigación científica quedaría paralizada, porque, ¿de qué serviría investigar teorías poco plausibles si puede que sean falsas? ¿Para qué gastar tiempo, esfuerzo y dinero en algo que es poco accesible?


Parece, pues, desde estas observaciones, que el espíritu de superación humana y la esperanza de conseguir algo mejor es mucho más anhelado que la simple obtención de aquello que, seguramente, obtendremos con poco o ningún esfuerzo y que es menor.

21 enero 2007

Solidaridad y dependencia

Los seres humanos somos dependientes los unos de los otros. Esto es algo que se ve desde el nacimiento, ya que somos incapaces de sobrevivir sin los cuidados familiares o del grupo social. Sin embargo, en los últimos tiempos se han alzado innumerables voces críticas contra la dependencia humana, y entre la población ha calado un hondo sentimiento de independencia, que, por lo normal, ha terminado en el angustioso sentimiento de la soledad. Así lo ha afirmado Alasdair MacIntyre en su obra "Animales racionales y dependientes".

Hace poco, debido a los problemas en Francia sobre las poblaciones de inmigrantes de 2º y 3º generación, se abrió en España el debate de la necesidad de la integración racial y cultural. Como todos recordarán, los incendios, de los que hace poco se conmemoraba un año con nuevos actos vandálicos, de las afueras de París provocaron una corriente de terror en la mayoría de los europeos por si esto sucedía en sus respectivos paises.

Pues bien, esto sirve como ejemplo práctico de lo necesitado que está el ser humano. Somos seres individuales reunidos en una sociedad, y como tales necesitamos los unos de los otros. Si esto no fuese así, las sociedades humanas basadas en elementos comunes nunca se hubiesen dado; de hecho, no hubiésemos madurado como especie cultural.

Cada uno de nosotros es un "alguien" que se dirige a otro "alguien", un "yo" que se sabe considerado por otros, ciertamente, como un "otro", pero nunca distinto de una totalidad integrada por todas aquellas individualidades que nos rodean. Personas que se saben necesitadas por otras personas, y no hay más facilidad para advertir este pensamiento que saber que algún día nosotros necesitaremos de otros, ya sea en la enfermedad, ya sea en la vejez o de cualquier otro modo... ¡pero necesitaremos de alguien! Y sino, no hay más que ver...



Y por si no se ha visto lo suficientemente bien lo que es ser un ser dependiente y necesitado...


24 diciembre 2006

Significado y amistad

La amistad es uno de los temas filosóficos por antonomasia. Platón describió la amistad de una forma sumamente curiosa que no puede dejar de ser explicada en este texto. Para este autor, la amistad aparece como una consecuencia necesaria del conocimiento de lo “realmente real”, es decir, cuando una persona alcanza la sabiduría- para él la Idea de Bien- debe enseñarla a los demás, porque sino, no la ha conocido realmente. De hecho, la teoría platónica, al igual que la moral imperante en aquella época, exigía beneficiar a los amigos y atacar a los enemigos.[1]

Aristóteles, por su parte, desarrolló un concepto de amistad extenso y coherente con su entero cuerpo filosófico.[2] Para el estagirita la amistad “es una virtud o va acompañada de virtud y además es lo más necesario para la vida”[3]. Pues bien, dejando de lado los tres tipos de amistad que recoge Aristóteles[4], se puede decir que en la actualidad el verdadero sentido de la amistad se ha perdido. De hecho, una de las bases de la amistad se basa en la comunión de intereses, si es amistad perfecta, que es la que consideramos como paradigma de la verdadera amistad, y esto ya no se tiene en cuenta. Las relaciones de amistad, al igual que la entera realidad, han quedado degradadas a simples relaciones de interés o utilidad.

De hecho, esto es tan cierto, que el propio MacIntyre hablando de la dependencia que los seres humanos tenemos los unos de los otros[5], y no solo por alguna discapacidad física o psicológica, afirma, en última instancia, que la amistad, como virtud, es uno de los cauces necesarios para entender los sentimientos del otro[6]. Por esto, puede afirmar que “al hacerse efectivamente responsable uno aprende no sólo a hablar al otro, sino a hablar por el otro. En ese momento, dos individuos llegan a ser amigos en el sentido preciso de la palabra, (por el contrario)-continua- uno sigue siendo prisionero de sus prejuicios compartidos en la medida en que permanezca atrapado en relaciones y compromisos de reciprocidad”[7]. Así, este tipo de relaciones no pueden ser catalogadas como “amistosas” por su esencial utilitarismo.

Es más, a mi entender se hace necesario recuperar el imperativo categórico kantiano[8] y aplicarlo al orden de la amistad para que el ser humano sea tratado como fin en sí mismo y no como puro medio. En una sociedad en la que la persona es tratada de esta forma, es decir, con auténtica benevolencia[9], se puede afirmar con R. Spaemann que “la amistad es un regalo libre y una libre elección. […] Amigos verdaderos se pueden tener sólo en un número tan reducido que la entrega a ellos no se convierta en asunto de consideraciones en torna a la justicia[10]. Esta idea ya fue recogida antes por Aristóteles cuando afirmaba que “es natural, sin embargo, que tales amistades sean raras, porque los hombres así son pocos. Además, requieren tiempo y trato”[11].

De hecho, en una sociedad en la que prima el individualismo, la amistad queda reducida a un mero hecho, ya no necesario por la propia naturaleza del hombre que, tal como Aristóteles lo describió, es un “animal social por naturaleza”, sin un significado bien determinado y establecido, sino como una noción, que al perder su significación, ha quedado reducida a relaciones interesadas y utilitarias en las que el ser humano se ve reducido a lo qué tiene y no a lo qué es.

Nunca ha quedado mejor explicado este problema del “entre” que de la siguiente manera: “La forma como las personas tratan a las personas resulta del modo como las personas se dan unas a otras”[12]. Por lo tanto, el problema que se ha radicalizado en la sociedad contemporánea es la pérdida del verdadero significado que implica una “amistad perfecta”. “Pero la amistad perfecta es la de los hombres buenos e iguales en virtud; porque éstos quieren el bien el uno del otro en cuanto son buenos, y son buenos en sí mismos; y los que quieren el bien de sus amigos por causa de éstos, son los mejores amigos, puesto que es por su propia índole que tienen esos sentimientos y no por accidente; de modo que su amistad permanece mientras son buenos, y la virtud es una cosa permanente”[13].

Para finalizar, soy incapaz de sustraerme a la tentación de mostrar una de las formas más bellas, y en una de las lenguas más líricas y rítmicas, en las que la amistad ha quedado reflejada[14]:

Ondas do mar de Vigo,

¿Se vistes meu amigo?

¿E-ai Deus- se verrá cedo?

ondas do mar levado,

¿Se vistes meu amado?

¿E-ai Deus- se verrá cedo?

¿Se vistes meu amigo

o por que eu sospiro?

¿E-ai Deus- se verrá cedo?

¿Se vistes meu amado

que me ten en coidado?

¿E-ai Deus- se verrá cedo?[15]



[1] Platón en La República trata de criticar la noción griega de la amistad como beneficio del amigo y ataque al enemigo que defiende Céfalo utilizando las palabras de Simónides, pero al final acaba admitiendo que es así, pero no por las razones que expone su oponente, sino porque el tema principal al que se refería la discusión era el de la justicia.

[2] Aristóteles, Ética a Nicómaco Libro VIII Clásicos Políticos, Madrid 2002

[3] Ibid., 1155a

[4] Amistad por interés, amistad por utilidad y amistad perfecta. Ibid 1156a-1157a

[5] Alasdair MacIntyre, Animales racionales y dependientes, Paidos Básica, Barcelona 2001

[6] ¿Qué clase de amistad es necesaria? […] El ser humano aprende a examinarse a sí mismo cuando es examinado por los demás y aprende a entenderse a sí mismo cuando tratan de entenderlo los demás. Ibid 173-174

[7] Ibid 176 y 181

[8] Kant, Crítica de la razón práctica

[9] Para este autor el acto mayor de la benevolencia es el de la amistad aunque, evidentemente no reduce la benevolencia únicamente a la realidad conformada por la amistad.

[10] Robert Spaemann, Felicidad y Benevolencia p. 169 Ediciones Rialp Madrid 1991

[11] Op cit. 1156b – 1157a

[12] Robert Spaemann, Personas p.177 Ediciones Eunsa Pamplona 2000

[13] Op Cit. Ética a Nicómaco 1156b

[14] Martin Codax Ondas do mar de Vigo Pergamino de Vingel (Pierpont Morgan Library, New York, Vindel MS M979)

[15] Ondas del mar de Vigo, /¿habéis visto a mi amigo? / Ay, Dios! ¿vendrá pronto? / Ondas del mar alzado, / ¿habéis visto a mi amado? / ¡Ay, Dios! ¿vendrá pronto? / ¿Habéis visto a mi amigo, / aquel por quien yo suspiro? / ¡Ay, Dios! ¿vendrá pronto? / ¿Habéis visto a mi amado, / por quien siento gran cuidado? / ¡Ay, Dios! ¿vendrá pronto?

07 octubre 2006

La verdad de uno fue la verdad de todos

Ensayo para Filosofía del Lenguaje del curso pasado.

En las últimas décadas hemos visto cómo el análisis del lenguaje se ganaba el honor de ser considerado la cúspide del trabajo filosófico. Esto no es señal de que otros campos filosóficos hayan sido olvidados, pero sí es cierto que, después de más de dos milenios de pensamiento, parece que no hay mucho en lo que ahondar. Sin embargo, se hace necesario dejar de teorizar en tan altos niveles de abstracción y llevar la investigación filosófica a la práctica, porque, al fin y al cabo, ¿de qué sirve el pensar si no es para traducirlo en acción?

“Todos los hombres desean por naturaleza saber” (Omnes homines natura scire desiderant)(1) . Aristóteles comienza así el libro I de la Metafísica, pero si todos los hombres desean por naturaleza saber, lo desean para poner en práctica eso que han aprendido. ¿De qué sirve el conocimiento si no se traduce en conocimiento práctico? Evidentemente hay conocimientos que no pueden desligarse de un ámbito puramente teórico, pero vivir exige acción, la acción responsabilidad, y el primer requisito de la responsabilidad es el conocimiento.

“En efecto, los principios de la acción son los fines por los cuales se obra; pero el hombre corrompido por el placer o el dolor pierde la percepción clara del principio, […] el vicio destruye el principio”(2) . Se ve que el conocimiento se hace necesario para la correcta ejecución de las acciones, no solo debemos conocer por conocer, hay que traducirlo en actos. Así, no es sorprendente que nos encontremos con infinitas investigaciones sobre el significado de la verdad y su análisis. Pero, sorteando lo que denominaríamos investigación ética, debemos enfrentarnos a la propia sociedad.

Toda investigación filosófica acaba por olvidarse de la realidad como un entramado en el que conviven, existen y se relacionan las personas. Al final, toda investigación termina por volverse tan abstracta que se vuelve incapaz de modificar la praxis de la gente. ¿De qué sirve hablar de la verdad si no sabemos qué piensa la humanidad sobre lo qué es la verdad?

En la actualidad, la mayoría piensa que la verdad es la verdad de cada uno. La investigación filosófica busca desentrañar la verdad desde el lenguaje. J. L. Austin pone el siguiente ejemplo: “supongamos que todas las circunstancias de situación que han de estar en orden para tener éxito al enunciar algo, lo están; incluso cuando ya he tenido éxito surge la pregunta, ¿lo que yo he enunciado era verdadero o falso? Y esta es la pregunta, hablando en términos ordinarios, acerca de si el enunciado corresponde a los hechos”(3) . En última instancia, qué obtiene de esto una persona de la calle. Nada. Su vida no se rige en torno a los pensamientos que un filósofo pueda tener sobre la verdad o la falsedad en el lenguaje, porque para ellos por la boca muere el pez. Lo dicho, dicho está.

“Por ello, --viene a concluir Austin--, la solución del problema de la verdad no debe ser buscada en una simple distinción de ‘verdadero’ y ‘falso’, ni en la distinción entre los enunciados y el resto de los actos de habla”(4) . Y aunque Austin prosigue por otros derroteros y busca aclarar la noción de verdad en el lenguaje; pienso que la verdad debe ser aclarada desde cada persona y contando con cada persona para ello.

Es obvio que siempre que se busca solucionar un trascendental, como el de la verdad, tenemos que recurrir a una teoría universal que pueda explicarlo para todos de una manera satisfactoria. Pero, la verdad, aunque sea en el fondo algo objetivo, como dice santo Tomás: “así como lo verdadero se encuentra de un modo más principal en el entendimiento que en las cosas, así también se halla más principalmente en el entendimiento que juzga que en el acto por el que el entendimiento forma las quididades de las cosas”(5) , también es algo subjetivo.

En el entendimiento la verdad se encuentra de forma objetiva en cuanto que su captación proviene de lo sentido desde la realidad, sin embargo, en el momento en el que realizamos un juicio y transformamos el concepto de nuestra mente en una expresión ya lo estamos subjetivizando, lo estamos convirtiendo en algo nuestro. Pasamos del mundo objetivo al mundo de las sensaciones internas que conforman nuestro espíritu y dotan al pensamiento de una realidad que es propia de cada uno.

Entonces, ¿qué es la verdad? Objetivamente la verdad se encuentra en nosotros, pero nunca podremos escapar a nuestro mundo interior. Eso nos deja a merced de nuestra propia subjetividad y solo nos resta bucear en lo más profundo de nuestro ser para acercarnos a ella. De hecho, el Oráculo de Delfos ya se lo anunciaba a Sócrates: “Conócete a ti mismo”. Pero, ¿cómo se conoce uno a sí mismo? En palabras de Hugues de Saint-Victor: “Conocerse a sí mismo es saber su condición, su orden, lo que debía a lo que está por encima de él, en él y por debajo de él; comprender cuál había sido hecho, cómo debía conducirse, lo que debía hacer o no hacer: en todo eso consistía conocerse”(6) .

En el fondo, cada uno conoce la verdad conociéndose a si mismo. Para tal fin hay infinitos métodos: unos nunca llegarán a conocerse; otros se conocerán como puedan; algunos acabarán conociéndose mediante la introspección. Pero, en el fondo, los que lograrán conocerse bien serán aquellos que pongan la búsqueda del conocimiento fuera de ellos mismos: “El conocimiento de Dios sin el de nuestra miseria hace el orgullo; el conocimiento de nuestra miseria sin el de Dios hace la desesperación. El conocimiento de Jesucristo es el medio, porque en él encontramos a Dios y nuestra miseria”(7) .

Toda búsqueda de la verdad comienza y termina por la búsqueda de la propia intimidad.



Bibliografía utilizada

  1. Metafísica, Aristóteles. Libro I. Edición trilingüe de Valentín García Yebra. Gredos. 1998
  2. Ética a Nicómaco, Aristóteles. Libro VI. Edición bilingüe de María Araujo y Julián Marías. Clásicos Políticos. Madrid, 2002
  3. J. L. Austin. “We have here a new dimension of criticism of the accomplished statement” Words, p. 139. Citado por Jaime Nubiola en J. L. Austin: Análisis y verdad. Anuario Filosófico X/2 (1977)
  4. Jaime Nubiola. J. L. Austin: Análisis y verdad. Anuario Filosófico X/2 (1997)
  5. Santo Tomás de Aquino. De Veritate 1 Artículo III. Traducción de Jesús García López en: Doctrina de Santo Tomás sobre la verdad, Eunsa, Pamplona 1967, p. 172.
  6. Hugues de Saint-Victor, De sacramentis, I, 6, 15; Patr. Lat., t. 176, col. 272. Citado por Étienne Gilson. El espíritu de la Filosofía Medieval. Biblioteca del cincuentenario. Rialp 2004. p. 220.
  7. B. Pascal, Pensées, L. Brunschvig, edic. minor, p. 367. Citado por Étienne Gilson. El espíritu de la Filosofía Medieval. Biblioteca del cincuentenario. Rialp 2004.